CRIOLLA es una marca colombiana fundada en Bogotá en el 2014 por Lucía Tapiero y Margarita Salcedo, dos bogotanas que combinamos experiencia en arquitectura, arte, diseño, publicidad y patrimonio cultural. Toda la vida hemos sentido fascinación por los utensilios de metal esmaltado, popularmente conocidos como peltre. Viendo que era un material cada vez más escaso y difícil de conseguir, nos dimos a la tarea de recuperarlo y devolverle todo su esplendor. “Qué dicha, volvió el peltre”, es una frase que sintetiza bien el espíritu de lo que hacemos.

El proceso de fabricación es en parte industrial y en parte manual. Todo comienza con una lámina de acero que es cortada y prensada con un molde para lograr la forma del utensilio. La pieza resultante es sumergida en una emulsión de esmalte vitrificado, se deja secar y se hornea a altas temperaturas (800 ºC). A continuación, se repite el proceso para aislar por completo el acero con una doble capa de esmalte. La tercera capa de esmalte es la que le da a las piezas sus diferentes colores.

Los bordes de las piezas, un rasgo tan icónico del peltre, se hacen manualmente retirando cuidadosamente la última capa de esmalte de esta zona. Este proceso se hace pieza por pieza y completamente a mano, lo que garantiza la unicidad de cada pieza y le otorga su encantadora imperfección: no hay una pieza de peltre que quede igual a otra, lo cual nos encanta. El proceso finaliza cuando las piezas se hornean por última vez, lo que termina de fijar el esmalte y le da a las piezas de peltre ese terminado porcelanoso y ese brillo imperecedero que las caracteriza.

Si se lo trata con cariño, el peltre puede durar toda la vida. Naturalmente, si se golpea o se deja caer se puede desportillar (lo que, a nuestro modo de ver, le da un encanto particular). El peltre se puede calentar en la estufa y en el horno, pero no debe ser utilizado en microondas. Se puede lavar en lavaplatos o con una esponjilla suave.