CRIOLLA es una marca orgullosamente colombiana fundada en Bogotá en abril de 2014 por Lucía Tapiero, Margarita Salcedo y Esteban Ucrós, un grupo de personas que combinamos experiencia en arquitectura, arte, diseño, publicidad y patrimonio cultural. 

Toda la vida hemos sentido fascinación por los utensilios de metal esmaltado, popularmente conocidos  como peltre. Viendo que era un material cada vez más escaso y difícil de conseguir, nos dimos a la tarea de recuperarlo y devolverle todo su esplendor. “Qué dicha, volvió el peltre”, es una frase que sintetiza bien el espíritu de lo que hacemos.

El peltre es un material muy antiguo y su uso en utensilios de cocina data de la Alemania de siglo 18. En aquel entonces las ollas y sartenes eran fabricadas en hierro, lo que era muy poco salubre, y el esmalte (“email” en alemán) fue una manera limpia y segura que encontraron los herreros de la época para recubrir y aislar el metal. 

Aparte de sus propiedades higiénicas, el peltre es un material muy resistente que aguanta bien los rigores del tiempo y por eso se popularizó durante las décadas siguientes, al punto de que fue durante mucho tiempo el material por excelencia de los utensilios hospitalarios.

El peltre fue muy popular antes de la aparición del plástico y del acero inoxidable y adquirió terminados muy diferentes en distintos lugares del mundo, lo que hace que encontremos piezas de peltre en variedad de colores y decorados. En la primera colección de CRIOLLA, quisimos honrar el peltre esencial: partir del blanco polar del esmalte y combinarlo con tacto y buen gusto con unos pocos colores. 

El proceso de fabricación del peltre es en parte industrial y en parte manual. Todo comienza con una lámina de acero que es cortada y prensada con un molde para lograr la forma del utensilio. La pieza resultante es sumergida en una emulsión de esmalte vitrificado, se deja secar y se hornea a altas temperaturas (800 ºC). A continuación se repite el proceso para aislar por completo el acero con una doble capa de esmalte. La tercera capa de esmalte es la que le da a las piezas sus diferentes colores. 

Los bordes de las piezas, un rasgo tan icónico del peltre, se hacen manualmente retirando cuidadosamente la última capa de esmalte de esta zona. Este proceso se hace pieza por pieza y completamente a mano, lo que garantiza la unicidad de cada pieza y le otorga su encantadora imperfección: no hay una pieza de peltre que quede igual a otra, lo cual nos encanta. El proceso finaliza cuando las piezas se hornean por última vez, lo que termina de fijar el esmalte y le da a las piezas de peltre ese terminado porcelanoso y ese brillo imperecedero que las caracteriza.

Si se lo trata con cariño, el peltre puede durar toda la vida. Naturalmente, si se golpea o se deja caer se puede desportillar (lo que, a nuestro modo de ver, le da un encanto particular). El peltre se puede calentar en la estufa pero no sebe ser utilizado en microondas. Se puede lavar en lavaplatos o con una esponjilla suave.